martes, 8 de diciembre de 2009

AVENIDA PIRINEOS




... aparco la bizi en la parada 10 y me acerco a la barandilla que separa el paseo de la ribera,

apoyo los brazos en el herrumbroso metal y me quedo mirando por un instante el agua correr,

la luz riela caprichosa estos días de diciembre sobre el lomo del ebro,

las hojas secas de los álamos de la ribera sestean traviesas a los pies del puente

me dejo llevar por su fuerza; distraído, torpe, atento a la belleza de su curso, de sus curvas, de sus gestos, de sus meandros, de su caprichoso y elegante discurrir

ingenuo, creo intuir a los lejos el azul mediterráneo,

ingenuo, descubro que no es el mar; sino el reflejo de su mirada en el recuerdo,

marrón, negra, profunda, viva, brava, distante, desconocida

escribo su nombre con salitre sobre la palma de mi mano y acaricio una botella vacía de ron, una botella de ron vacía

bajo por las escaleras del náutico

y dejo que sean sus aguas; sus aguas una vez más,

las aguas de ese río canalla, cómplice, compañero, confidente y amigo,

las que escriban un final para esta historia

que quizás sea; tan sólo, quizás, un principio más.


hoy suena en mi habitación una canción de los hilarios, final de viaje; la letra es deliciosa, con guiños; entre otros, a la poesía de antonio machado

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